sábado, 19 de junio de 2010

¿ Que hacer cuando muere alguien que no nos gusta?

Aunque las buenas costumbres hacen obligatorio hablar "bien" de una persona recién fallecida, me voy a tomar ciertas licencias para hablar de Saramago. De todas las costumbres de los latinoamericanos una de las que encuentro más cuestionable, es la de dejarnos impresionar por unas palabras bien arregladas y con mucho estilo, nos olvidamos fácilmente el fondo en favor de la forma y estamos dispuesto a perdonar cualquier cosa en favor de la figura, quizás será nos sentimos magnánimos y ecuánimes al reconocer los méritos de una personalidad indiferentes a lo que esta representaba o quiso representar.

Un ejemplo muy claro de lo anterior es Saramago. Causa mucha curiosidad (por ejemplo) aquellas personas que militan activamente en la oposición venezolana y que no dudan en hablar (seguramente con mucha razón) pestes del comunismo, se deshagan en elogios hacia Saramago, un autodenominado "comunista hormonal" y defensor acérrimo de la revolución cubana y la venezolana. ¿Y porqué? ¿Porqué una persona está dispuesta a comprometer sus principios para legitimar la trayectoria de un individuo que con sus acciones no hizo más que perjudicarla? ¿Porqué exaltar a alguien que representa todo lo contrario a lo que nosotros creemos?

En lo personal, hay varias cosas que siempre me disgustaron de Saramago, pero principalmente me molestaba su falta de coherencia, este era una persona que no creía en Dios ni en las religiones porque así se creía a salvo de ser intolerante, y por otro lado se consideraba comunista y admirador de la revolución venezolana, es decir, cambio la intolerancia divina y religiosa por la "tolerancia" del politburó y de los dictadores. No hay duda de que sus palabras eran adornos hermosísimos de una ideología deforme e insustentable, un modus operandi adoptado por varios realistas mágicos que han utilizado sus premios nobeles para avalar sus dudosas inclinaciones políticas, es por eso que en este caso no estoy de acuerdo con Bolaño y no creo que haya que leer a García Márquez, como tampoco creo que haya que leer a Saramago.

Pero no hagamos leña del árbol caído, no creo que haya que celebrar la muerte de Saramago, pero no creo tampoco que deba causarme más pena que la muerte del vendedor de la esquina o que algún desconocido de los obituarios, no creo tampoco que haya sido una pérdida para la humanidad, sin duda una pérdida para sus familiares y amigos, pero creo que el mundo seguirá sin problemas y en Venezuela podríamos pasarla mejor sin intelectualoides que legitimen al régimen Chavista.

Si hay algo entonces que podemos concluir, es que cuando muere alguien que no nos gusta, podemos aprovechar la oportunidad para analizarnos y replantearnos donde están nuestras lealtades intelectuales y de definir hasta donde podemos comprometer nuestras creencias más esenciales. Quizás si practicamos lo que profesamos podamos ensamblarnos como país no solo de palabra sino de acción, clave para la unificación de criterios que tanto nos hace falta.

DDAP.

"Even in the face of Armageddon I shall not compromise"
Walter Kovacs

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