jueves, 17 de marzo de 2011

La Solidaridad del Siglo XXI



Según el escritor de la Universidad de Columbia, Richard Danielson, un cliché es un sustituto del pensamiento crítico, es algo que está en nuestra cultura y lo aceptamos sin realmente criticarlo y es generalmente usado en conversaciones como recurso o punto de referencia.

Existe con respecto al socialismo varios de estos clichés, en especial uno referido con la "solidaridad" del socialismo. Es común entre personas, incluso de diferentes tendencias políticas e ideológicas, dar por sentado que los sistemas socialistas tienden a ser más solidarios y a estar más interesados por el bienestar de sus ciudadanos, en términos sociales, en comparación con el sistema capitalista, el cual en general es caracterizado como “indiferente” o “desalmado” y sin ninguna clase de interés por las personas sino por el dinero, el capital y la "plusvalía". Estos supuestos provienen de la dialéctica marxista y han sido explotados por todo gobierno de izquierda que ha existido en el siglo XX y el XXI, principalmente aquellos de corte totalitario. En Venezuela, por ejemplo, se pueden observar en Caracas paredes pintadas con niños llorando con leyendas acerca de los millones de niños que mueren diariamente "por culpa del capitalismo".

Pero, ¿Que tan cierto este mito? ¿Son los gobiernos socialistas siempre más solidarios con sus ciudadanos que los gobiernos capitalistas? Para aclarar este punto es útil, como siempre, ir a la evidencia científica y numérica, y en nuestro caso lo haremos con dos elementos extremos, siendo uno de ellos el caso Venezolano, donde el gobierno utiliza el caché en cuestión con tanta frecuencia que incluso muchos opositores, buscándolas simpatías de las bases del chavismo, lo dan por cierto sin detenerse a pensar por un segundo acerca de su veracidad.

Para muchos la forma principal de medir los niveles de solidaridad de un gobierno es sin duda los niveles de gasto social, y aunque para otros (incluyendo quien suscribe) las dádivas excesivas y el clientelismo es a largo plazo contraproducente y por ende nocivo para cualquier país, podemos suponer que aquellos estados cuya inversión social sea más alta pueden considerarse en efecto más solidarios con sus ciudadanos, al menos ese es el argumento más comúnmente esgrimido por los socialistas del siglo XXI que entre las múltiples cualidades de su líder prefieren su “generosidad” con el pueblo (generosidad entre comillas porque ese dinero no es de él) y no dudan en despotricar del gran imperio que es vil y desalmado ya que solo piensa en la ganancia a través de la explotación del hombre por el hombre.

Dando por sentado que el nivel de gasto social es un buen indicador del grado de solidaridad e interés de un gobierno por sus ciudadanos, podemos proceder a comparar dichos niveles de gasto social del estado venezolanos con los del norteamericano:

Según cifras oficiales del gobierno norteamericano y de distintos organismos internacionales el gasto social en los Estados Unidos, incluyendo la seguridad social, Medicare (seguro de salud para gente de bajos recursos), Medicaid (seguro de salud para gente de la tercera edad) y otros programas obligatorios de asistencia suman cerca de 2,009 Trillones de dólares, lo que representa cerda de un 15% de su PIB y aproximadamente un 56% de su presupuesto anual. Por otro lado el gasto social de la “Revolución” venezolana tiene un gasto social de aproximadamente 11.6 billones de dólares, que es alrededor del 3.6% de su PIB y un 45% de su presupuesto anual, esto según cifras oficiales del Gobierno Venezolano. En resumen el gasto social capitalista de los EE.UU. dobla porcentualmente al del Gobierno Bolivariano Socialista y Solidario de Venezuela.

Otro cliché relacionado con la solidaridad del Siglo XXI tiene que ver con la ayuda a países extranjeros. En este tema la cuestión se torna un tanto oscura ya que las cifras del gobierno venezolano en ese rubro no son del todo claras, sin embargo sabemos que en 2008 los Estados Unidos aportaron alrededor de 25 billones de dólares, lo que representa tan solo un 0,2% de su Ingreso Per Cápita y un 0,16% de su presupuesto nacional. Por su parte el gobierno venezolano no parece asignar montos fijos para ayuda internacional en su presupuesto sino que se supone que esos montos salen de partidas extrapresupuestarias financiadas con los excedentes del ingreso petrolero (o con ventas de petróleo subsidiadas) pero se aproxima que en el período 2005-2009 promediaron cerca de 40 mil millones de dólares anuales, lo que no solo dobla el monto de ayuda internacional de los Estados Unidos en términos reales, sino que representa una suma desproporcional de su presupuesto anual y de su PIB, que es en efecto mucho mayor que la norteamericana. En resumen, la ayuda venezolana al exterior es superior a la de los EE.UU. en términos reales y proporcionales.

Pero, ¿Qué nos dicen estas cifras? En el papel los números parecen indicar que el cliché de la solidaridad socialista no es más que un mito ya que los niveles de inversión social de los Estados Unidos pueden observarse de modo similar en la mayoría de los países desarrollados, quedando patente que los países capitalistas son proporcionalmente mucho más solidarios con sus ciudadanos que aquellos autodenominados socialistas (con la clara excepción de los Welfare States europeos que podrían calificarse como socialistas y China que podría calificarse como comunista, estos en muchos casos alcanzan o superan la inversión social de los países capitalistas, especialmente los Estados Unidos). Lo anterior es simplemente lógico: Aquellos países con más recursos pueden dar más a sus ciudadanos, y que aquellos con menos recursos no puedan proveer de igual manera a sus habitantes no parece tener nada que ver con conceptos abstractos como el “bien” y el “mal” a pesar de lo que algunos dictadorzuelos digan.

La solidaridad socialista se parece mucho más a un discurso vacío que busca asegurar la permanencia en el poder de gobernantes incapaces de ofrecer en la realidad mejores resultados que cualquier otra alternativa de gobierno. Esto nos lleva a la cuestión de la ayuda internacional, aquí los números parecen apoyar el mito de la solidaridad, sin embargo cuando los niveles de ayuda internacional son tan desproporcionadamente altos con respecto al gasto social interno, dicha ayuda deja de ser un acto desinteresado y pasa a ser parte de un discurso populista que busca comprar lealtades en cualquier parte y a cualquier precio, especialmente en Venezuela donde la financiación de los presupuestos nacionales debe hacerse en parte a través de préstamos que pudieran fácilmente reducirse si las dádivas a otros países ser realizaran de manera controlada, más aún si gran parte de esos dineros terminan en los bolsillos de otros dictadores o los envío petroleros son revendidos a otros países (como es el caso de Cuba) lo que pervierte completamente el espíritu de la ayuda ya que no se tiene ningún control del destino de los fondos provenientes de esas ventas, aunque viendo la desproporción que hay entre la forma de vida la clase gobernante cubana (Fidel Castro es uno de los gobernantes más ricos del mundo) y el pueblo no hay que ser un experto en temas económicos para saber que un buen pedazo termina en las cuentas de los Castro y sus amigos.

Los recientes hechos en Japón y la capacidad de respuestas real de algunos países nos dan una señal de que países están en capacidad de prestar ayuda internacional oportuna y no como parte de una estrategia política, un análisis crítico de la situación mostrará que no existe tal solidaridad del socialismo del siglo XXI, no necesariamente porque no que se quiera dar dicha ayuda (estamos seguros que si por Hugo Chávez fuera, él mismo arreglaría la planta nuclear), sino porque no se puede dar; las dictaduras como la venezolana necesitan reservarse la mayor parte de sus fondos para entregarlos cuando pueda recibirse algo a cambio, ya sea apoyo internacional, capital político o votos.

Para este escrito se han referenciado fuentes oficiales y públicas de varios países e instituciones que han sido publicadas en sitios de internet y publicaciones escritas que gozan de amplia credibilidad en sus países y a nivel internacional, por lo que creemos que está más allá del alcance de este artículo hacer referencia directa a todas las fuentes. Sin embargo estamos dispuestos a respaldarlas a petición de cualquier parte interesada siempre y cuando quede demostrado que su interés sea rebatir razonablemente nuestras teorías.

DDA Político

lunes, 28 de febrero de 2011

Rincones Históricos: Churchill y la Oposición Venezolana

En la primera década de los años 30 el ascenso de los nazis al poder tenia divida la opinión de los políticos ingleses. Por un lado Laboristas y Liberales a la cabeza de un gobierno de unidad, que con la inercia causada por la conferencia de Locarno percibían que el camino hacia una Europa pacificada empezaba con un equilibrio en las fuerzas militares de las principales potencias, dígase Inglaterra, Francia y Alemania. Las dos primeras, desde el lado de los vencedores, deberían hacer un acto de buena fe hacia una Alemania restringida, por lo menos en el papel, por las reparaciones de la guerra impuestas por el tratado de Versalles. Para este grupo de políticos, dicho gesto era una política de desarme, luego conocida como Appeasement que contemplaba el desarme propio y el de Francia hasta el punto en que las fuerzas de los tres países quedaran equilibradas, de forma tal que los demonios de la guerra quedaran controlados. En términos muy generales, si los alemanes sentían que su soberanía no estaba en peligro ya no tendrían la necesidad de reasegurar sus fronteras por medio de acciones bélicas. El convencimiento de estos políticos era tal que cualquier persona que presentara una opinión contraria era por lo general descartada como guerrerista y violenta.

Del otro lado se encontraban aquellos que abogaban por un rápido rearme del gobierno para contrarrestar los avances militares de Hitler. Entre los proponentes de esta teoría se encontraba Winston Churchill, en aquel momento alejado por un tiempo del gobierno por diferencias acerca del tema Indio con el conservador Stanley Baldwin en cuya administración servía a la hacienda pública como Chancellor of the Exchequer. La experiencia de Churchill en el mundo dela política y la diplomacia venía desde la Gran Guerra y gozaba del respeto de la clase dirigente Inglesa por lo que no era extraño verlo dando discursos en alguna de las cámaras aun cuando no mantuviera en determinado momento ningún puesto en la administración pública, su opinión era escuchada y considerada, no solamente por sus habilidades retóricas sino porque era una persona muy informada, contaba con contactos en las altas esferas del gobierno y en el exterior, el punto de vista de Sir Winston Churchill era el de una persona que conocía de los acontecimientos de la boca de los principales actores y no el de una persona que se entera de lo que pasa en la prensa.

Entre todos los temas relacionados con la Alemania nazi, uno preocupaba con particularidad a Churchill: la guerra aérea. Esta formalidad de guerra novedosa para ese entonces parecía no haber estado cubierta con el suficiente celo por el Tratado de Versalles y las restricciones puestas a Alemania estaban siendo fácilmente burladas por las autoridades alemanas y era cuestión de poco tiempo antes que la Luftwaffe superara la capacidad operacional de la RAF. Sobre esta cuestión en particular, y sobre toda el tema militar en general, Churchill realizó durante largos años exhaustivos estudios ayudado por infinidad de contactos y colaboradores técnicos que le aseguraron acceso constante a toda la misma información militar a la que tenía acceso el alto gobierno. El grueso de dicha información apuntaba al hecho de que el rearme alemán, en plena violación a los tratados de Versalles y a los acuerdos de Locarno, estaba a toda marcha y que de ninguna forma el ejército que se formaba al otro lado del Rin tenía fines defensivos: Hitler se estaba armando para la guerra. En consecuencia Churchill empezó activamente a abogar por el rearme del gobierno de Su Majestad.

En este punto podría argumentarse, en función de los acontecimientos de los años subsiguientes, que Churchill no sólo era un experto en la materia sino que tenía acceso a información privilegiada a las que pocos podían acceder, en consecuencia no podría culparse a la opinión pública de aferrarse a la teoría pacifista del desarme debido a que la información que estaba a la mano, o era del alto nivel técnico o estaba reservada para los que tomaban la decisiones en el alto gobierno. El problema con esta teoría, no es sólo el hecho que buena parte del alto gobierno, con acceso a las mismas fuentes que Churchill, era partidaria del desarme, sino que además Hitler no tenía ningún reparo en hacer públicas sus intenciones, el mismo Franz Von Papen solía explayarse acerca del Lebensraum en las distintas reuniones sociales a las que atendía en calidad de diplomático o, sin ir muy lejos, solo había que leer algunas páginas del Mein Kampf para visualizar las intenciones de Hitler con respecto a Austria (por ejemplo) y los medios que tenía pensado utilizar para lograr sus fines.

El punto de inflexión en esta historia vino a finales de marzo de 1935 luego de una visita a Berlín del Secretario de Asuntos Exteriores Sir John Simon y Sir Anthony Eden en calidad de Privy Seal y Ministro para la Liga de las Naciones, en dicha visita escucharon de boca del mismo Hitler que Alemania había logrado a paridad de las fuerzas aéreas, que en efecto, dichas fuerzas de ambas naciones eran similares en calidad y cantidad. Las consecuencias de estas revelaciones no se hicieron esperar, y si bien los defensores del appeasement no desaparecieron se inició un camino hacia una expansión de la RAF para contrarrestar el avance alemán, expansión que debió haber empezado años atrás hubiera un poderío aéreo lo suficientemente grande para contener el avance nazi sobre Europa e Inglaterra.

La historia demostró que la visión de Churchill le permitió divisar con increíble exactitud lo que iba a suceder, sin embargo, el legado este gran estadista parece haber quedado exclusivamente para reforzar el adagio popular que afirma que nadie aprende de los errores de otros, incluso en nuestra golpeada Venezuela, las fuerzas de oposición descartan, no solo la evidencia histórica y científica sino también ciertos elementos muchos menos sutiles. Al igual que los defensores del appeasement se encuentran aferrados a una estrategia condenada al fracaso político y que en últimas lo que logrará es llevar la confrontación política a un punto de no retorno en la cual las fuerzas del chavismo se encontrarán en una situación de superioridad irremontable. Han establecido su propio appeasement con Chávez esperando que en últimas éste juegue limpio en las elecciones y abandone el poder luego de ser derrotado en las urnas, camino que ningún dictador en las mismas condiciones ha seguido, nunca. Adicionalmente no existe un plan B, lo que es un terrible error estratégico, no solo porque siempre hay que tener un plan alternativo, sino porque el plan A es uno que históricamente jamás ha funcionado. Despertará la oposición a tiempo para darse cuenta que el tiempo de las palabras ha acabado? Lo más seguro es que Chávez nos conteste esa pregunta desde el Balcón del Pueblo.

domingo, 2 de enero de 2011

Ruleta Rusa Por Luis Marín

RULETA RUSA

¿Quién ha visto ruso sembrando plátano? ¿Una gente incapaz de distinguir un topocho de un titiaro, palabras que ni siquiera tienen traducción al cirílico? De lo que sí saben los rusos y que es lo que explica su presencia en el sur del lago de Maracaibo es de “restablecer el equilibrio estratégico”, a su juicio alterado por la asistencia militar norteamericana a Colombia.
Es lo que hacen en el puerto de Tartus, al noreste de Siria, ante el sistema de radares instalado por EEUU en el Negev; en Bielorrusia, donde justifican el apoyo al tirano Lukashenko por el despliegue occidental en Polonia y la República Checa; o peor aún, con la ocupación de las provincias de Abjasia y Osetia del Sur, en la república de Georgia, con el pretexto de frenar la expansión de la OTAN en el Cáucaso. Por cierto, Venezuela es uno de los poquísimos países que reconoce la “independencia” de estas provincias, unilateralmente declarada por Rusia.
No es nuevo que la empresa rusa de exportaciones militares provea al régimen chavista de un número no especificado de misiles S-300, de aviones Sukhoi, tanques y fusiles Kalasnikov, además de la correspondiente transferencia tecnológica, según proclama la propaganda oficial.
Se impone concluir que el futuro del sur del lago de Maracaibo es convertirse en un centro de operaciones militares (regulares e irregulares) dirigido contra Colombia y según las declaraciones del Kremlin, “promover la creación de un mundo multipolar” para enfrentar la hegemonía americana.
Es imposible no advertir que la toma del sur del lado se ha hecho no de acuerdo con un plan de reforma agraria, de naturaleza civil por antonomasia, sino como parte de un plan operativo de carácter militar, con desplazamiento de tanques y tropas, que generalmente no sirven para arar la tierra ni ordeñar vacas.
Abiertamente las fuerzas armadas se utilizan contra los productores agropecuarios y no para combatir a las guerrillas de las FARC y ELN asentadas en la zona, que ahora podrán desenvolverse con más comodidad.
Por otra parte están las denuncias del analista financiero, experto en problemas de blanqueo de capitales, Kenneth Rijock, de que “misiles iraníes Shehab apuntan a Colombia”; los centros islámicos establecidos por Hamas y Hezbolá en la sierra de Perijá y si se añade la entrega del Hato Piñero a Libia, con el añadido de que allí se explota uranio, son varias balas en el tambor.
Un toque intrigante es que el encargado de la construcción del puerto de Tartus, segundo jefe de la inteligencia militar rusa en el exterior (GRU), el general Yuri Ivanov, desapareció en agosto cuando se dirigía a una reunión con sus pares sirios y reapareció flotando en las vecinas playas de Turquía. Noticia que la prensa rusa, fiel practicante de la información veraz, divulgó en septiembre pasado diciendo que se ahogó mientras nadaba, plácidamente.
El hecho geográfico duro es que Tartus está cerca del puerto turco en que desemboca el estratégico oleoducto Bakú-Tibilisi-Ceyhan, que pasa a través de la desmembrada Georgia; finalmente, su organización (GRU) tiene el encargo de perseguir y exterminar a rebeldes chechenos en el exterior.
Cruel ironía: Rusia enfrenta a EEUU por un lado, pero por el otro, Irán apoya a los fundamentalistas que quieren crear un califato en el Cáucaso. Es una guerra real y el general Yuri Ivanov, antes de venir a cultivar plátanos al sur del lago, cayó en manos de musulmanes shiítas, las mismas que están metidas hasta el codo tanto en Siria como en Venezuela.
Por la irresponsabilidad de pocos y el no querer ver de muchos, los venezolanos podemos despertar un día en medio de una gran conflagración.
Las sectas bíblicas gustan llamarla “Armagedón”.
LA SEGUNDA MUERTE DE FRANKLIN BRITO¿Cómo olvidar que fue el ministro Juan Carlos Loyo quien visitó al productor Franklin Brito una semana antes de su muerte en el Hospital Militar, donde estaba retenido contra su voluntad, para luego decir que por respeto a él y a su familia no revelaría lo que conversaron?
Lo que sí quiso dejar claro fue que: “No existe ningún proceso de expropiación, ni de robo, ni de usurpación de tierras (…) no existe ninguna ocupación ilícita, ni ningún tipo de afectación de la que comúnmente muchos medios privados hacen eco, que si confiscaciones y cosas por el estilo”. Lo único que le faltó decir es que tampoco existía el mismo señor Brito, como cualquier preso político.
Es el mismo que ahora aparece sentado en la mesa de la cocina del también productor agropecuario Chucho Melean dándole una suerte de ultimátum, con una columna de tanques afuera, para que se rinda y entregue todo lo que tenga.
Es curiosa esta posición del ministro Loyo, siempre a horcajadas entre el mundo civil y militar, al punto de que algunos comentaristas han dudado si no será uno de esos oficiales en servicio que se ofenden si les mencionan su grado militar antes del nombre, confusión abonada por la dificultad de saber en qué parte de las atribuciones de un ministro de tierras está el arengar tropas de asalto, con camiseta del Che Guevara y pistola al cinto.
Pero no, en su escueto currículo sólo se dice que es “economista”, sin ninguna constancia de que sepa algo de tierras o agricultura; lo que sí salta a la vista es que no sabe nada de negocios. Todavía se enseña en las universidades que la violencia es un vicio del consentimiento que invalida la declaración de voluntad, por tanto, las declaraciones rendidas con un tanque apuntando a la casa de familia no puede considerarse como expresión de consentimiento.
Esto forma parte de una fantasía bélica que hace que los hechos se figuren como si se tratara de un armisticio con una fuerza enemiga vencida en batalla; pero en la vida real, se trata de operaciones civiles ordinarias, como una compra-venta o, en este caso, de una venta forzosa, con la particularidad de que el comisario se toma la libertad de no pagar por los bienes de que se apropia.
Ofrece el pago de bienhechurías; pero seguro que en el presupuesto del ministerio no hay ninguna partida destinada a esos loables propósitos. Quizás pueda desearse que los días de Chucho Melean sean más largos que los de Franklin Brito, pero no que su suerte sea distinta, a juzgar por el negociador.
La verdad sea dicha, en Venezuela se ha producido una suerte de capitulación universal al derecho de propiedad desde el momento en que se acepta un concepto tan vago como la “causa de utilidad pública y social”, que nunca ha sido definido en ninguna parte y se presta a cualquier interpretación.
Cualquier cosa puede ser de “utilidad pública y social” y no existen criterios fiables para establecer qué cosas “no son” de utilidad pública y social. ¿Por qué este negocio, edificio, terreno, sí y aquél otro, no? Aceptarlo como moneda corriente equivale a una renuncia general a toda garantía sobre los bienes propios, que quedan sujetos a un criterio arbitrario.
Otro punto no menos grave es la supuesta función social de la propiedad y la creencia extendida de que ésta depende de la productividad. Idea completamente ridícula, porque en un régimen de economía abierta, quien tenga un bien improductivo se condena a sí mismo y no necesita que venga ningún funcionario a confiscarlo con esa falsa motivación.
¿Quién puede calificar la productividad de un fundo sino su propio dueño? El criterio de la ociosidad es aberrante, porque pretende “salvar” al propietario de su propia torpeza, pero alegando una finalidad de interés colectivo o bien común.
En verdad, la eliminación de la propiedad privada es parte del proyecto estratégico comunista, reducirlo a casos individuales y concretos es absurdo, irreal y suicida.
EL SAN CHINOSe tiende a creer que primero se estableció la dictadura comunista en Venezuela y sólo después ésta comenzó a repartir el erario público nacional entre sus secuaces por todo el mundo.
La sabiduría china enseña que más bien es lo contrario: primero se fraguó una conspiración internacional para asaltar el poder en Venezuela, con el compromiso previo de que después se utilizarían los recursos del país para lograr asaltar el poder en otros. Y así sucesivamente, hasta que cada quien tuviera su negocio.
El periplo comenzó en La Habana, el Foro de Sao Paulo, las FARC, extendió su “tela de araña”, de manera que recibe el poder en consignación. Sigue en Bolivia, Ecuador, Nicaragua y esto explica tanta desesperación por el caso de Honduras.
¿Cómo explicar que un país tan grande y con cierto prestigio diplomático de Itamaraty, se haya embarcado en la disparatada aventura de llevar a Zelaya en la maleta de un carro diplomático a la sede de su embajada en Tegucigalpa, para convertirla en tarima para sus arengas insurreccionales a elementos “internacionalistas”? ¿Qué interés nacional de Brasil se jugaba allí, cuáles son las grandes inversiones y exportaciones brasileñas que justifican, como se suele hacer en el caso de Venezuela, esa rocambolesca actuación de Lula da Silva?
Hasta la vicepresidenta del gobierno socialista español hizo acto de presencia para respaldar al socialista Oscar Arias y el inefable juez Baltazar Garzón se apersonó en Tegucigalpa para amenazar al gobierno provisional de Micheletti. ¿Cómo es posible que un país tan pequeño se haya vuelto tan súbitamente importante?
Tanto, que el Secretario General de la OEA, el socialista José Miguel Insulza, no ahorra ningún desvelo para restituir a Zelaya en un cargo que, por lo visto, le pertenece por derecho divino, porque aún vencido su período constitucional todavía siguen insistiendo en su restitución.
Asimismo, el tema de los presos políticos venezolanos ha revelado el compromiso de organizaciones supuestamente defensoras de los derechos humanos, Amnistía Internacional y Human Right Watch, con la agenda política del comunismo mundial. No reconocen la existencia de presos políticos en Venezuela porque para ellos ni “burgueses” ni “judíos” forman parte del género humano.
Finalmente, el impasse con el embajador Larry Palmer. ¿Qué ha dicho? Que en Venezuela hay presencia de las FARC; que hay influencia cubana en las FFAA y que éstas tienen una moral muy baja.
Hay que reconocer la dificultad de establecer cuál pueda ser el nivel moral de quien moviliza una columna de tanques para intimidar a un venerable anciano de 94 años y robarle los bienes de su familia; pero, ¿qué más se podría objetar? Es como justificar la ruptura de relaciones con Israel por conflicto de Gaza, que lleva más de cuarenta años de evolución.
Por eso conmueve ver a los falsos opositores que predican, dándose patrióticos golpes de pecho, que el problema de Venezuela “lo resolveremos los venezolanos solos, sin intervención de ninguna potencia extranjera”. ¡Como si Venezuela no estuviera ocupada y manejada por potencias extranjeras!
Una forma infalible de detectar a un falso opositor es constatando que siempre callan más de lo que dicen.

Luis Marín
02-01-11