lunes, 28 de febrero de 2011

Rincones Históricos: Churchill y la Oposición Venezolana

En la primera década de los años 30 el ascenso de los nazis al poder tenia divida la opinión de los políticos ingleses. Por un lado Laboristas y Liberales a la cabeza de un gobierno de unidad, que con la inercia causada por la conferencia de Locarno percibían que el camino hacia una Europa pacificada empezaba con un equilibrio en las fuerzas militares de las principales potencias, dígase Inglaterra, Francia y Alemania. Las dos primeras, desde el lado de los vencedores, deberían hacer un acto de buena fe hacia una Alemania restringida, por lo menos en el papel, por las reparaciones de la guerra impuestas por el tratado de Versalles. Para este grupo de políticos, dicho gesto era una política de desarme, luego conocida como Appeasement que contemplaba el desarme propio y el de Francia hasta el punto en que las fuerzas de los tres países quedaran equilibradas, de forma tal que los demonios de la guerra quedaran controlados. En términos muy generales, si los alemanes sentían que su soberanía no estaba en peligro ya no tendrían la necesidad de reasegurar sus fronteras por medio de acciones bélicas. El convencimiento de estos políticos era tal que cualquier persona que presentara una opinión contraria era por lo general descartada como guerrerista y violenta.

Del otro lado se encontraban aquellos que abogaban por un rápido rearme del gobierno para contrarrestar los avances militares de Hitler. Entre los proponentes de esta teoría se encontraba Winston Churchill, en aquel momento alejado por un tiempo del gobierno por diferencias acerca del tema Indio con el conservador Stanley Baldwin en cuya administración servía a la hacienda pública como Chancellor of the Exchequer. La experiencia de Churchill en el mundo dela política y la diplomacia venía desde la Gran Guerra y gozaba del respeto de la clase dirigente Inglesa por lo que no era extraño verlo dando discursos en alguna de las cámaras aun cuando no mantuviera en determinado momento ningún puesto en la administración pública, su opinión era escuchada y considerada, no solamente por sus habilidades retóricas sino porque era una persona muy informada, contaba con contactos en las altas esferas del gobierno y en el exterior, el punto de vista de Sir Winston Churchill era el de una persona que conocía de los acontecimientos de la boca de los principales actores y no el de una persona que se entera de lo que pasa en la prensa.

Entre todos los temas relacionados con la Alemania nazi, uno preocupaba con particularidad a Churchill: la guerra aérea. Esta formalidad de guerra novedosa para ese entonces parecía no haber estado cubierta con el suficiente celo por el Tratado de Versalles y las restricciones puestas a Alemania estaban siendo fácilmente burladas por las autoridades alemanas y era cuestión de poco tiempo antes que la Luftwaffe superara la capacidad operacional de la RAF. Sobre esta cuestión en particular, y sobre toda el tema militar en general, Churchill realizó durante largos años exhaustivos estudios ayudado por infinidad de contactos y colaboradores técnicos que le aseguraron acceso constante a toda la misma información militar a la que tenía acceso el alto gobierno. El grueso de dicha información apuntaba al hecho de que el rearme alemán, en plena violación a los tratados de Versalles y a los acuerdos de Locarno, estaba a toda marcha y que de ninguna forma el ejército que se formaba al otro lado del Rin tenía fines defensivos: Hitler se estaba armando para la guerra. En consecuencia Churchill empezó activamente a abogar por el rearme del gobierno de Su Majestad.

En este punto podría argumentarse, en función de los acontecimientos de los años subsiguientes, que Churchill no sólo era un experto en la materia sino que tenía acceso a información privilegiada a las que pocos podían acceder, en consecuencia no podría culparse a la opinión pública de aferrarse a la teoría pacifista del desarme debido a que la información que estaba a la mano, o era del alto nivel técnico o estaba reservada para los que tomaban la decisiones en el alto gobierno. El problema con esta teoría, no es sólo el hecho que buena parte del alto gobierno, con acceso a las mismas fuentes que Churchill, era partidaria del desarme, sino que además Hitler no tenía ningún reparo en hacer públicas sus intenciones, el mismo Franz Von Papen solía explayarse acerca del Lebensraum en las distintas reuniones sociales a las que atendía en calidad de diplomático o, sin ir muy lejos, solo había que leer algunas páginas del Mein Kampf para visualizar las intenciones de Hitler con respecto a Austria (por ejemplo) y los medios que tenía pensado utilizar para lograr sus fines.

El punto de inflexión en esta historia vino a finales de marzo de 1935 luego de una visita a Berlín del Secretario de Asuntos Exteriores Sir John Simon y Sir Anthony Eden en calidad de Privy Seal y Ministro para la Liga de las Naciones, en dicha visita escucharon de boca del mismo Hitler que Alemania había logrado a paridad de las fuerzas aéreas, que en efecto, dichas fuerzas de ambas naciones eran similares en calidad y cantidad. Las consecuencias de estas revelaciones no se hicieron esperar, y si bien los defensores del appeasement no desaparecieron se inició un camino hacia una expansión de la RAF para contrarrestar el avance alemán, expansión que debió haber empezado años atrás hubiera un poderío aéreo lo suficientemente grande para contener el avance nazi sobre Europa e Inglaterra.

La historia demostró que la visión de Churchill le permitió divisar con increíble exactitud lo que iba a suceder, sin embargo, el legado este gran estadista parece haber quedado exclusivamente para reforzar el adagio popular que afirma que nadie aprende de los errores de otros, incluso en nuestra golpeada Venezuela, las fuerzas de oposición descartan, no solo la evidencia histórica y científica sino también ciertos elementos muchos menos sutiles. Al igual que los defensores del appeasement se encuentran aferrados a una estrategia condenada al fracaso político y que en últimas lo que logrará es llevar la confrontación política a un punto de no retorno en la cual las fuerzas del chavismo se encontrarán en una situación de superioridad irremontable. Han establecido su propio appeasement con Chávez esperando que en últimas éste juegue limpio en las elecciones y abandone el poder luego de ser derrotado en las urnas, camino que ningún dictador en las mismas condiciones ha seguido, nunca. Adicionalmente no existe un plan B, lo que es un terrible error estratégico, no solo porque siempre hay que tener un plan alternativo, sino porque el plan A es uno que históricamente jamás ha funcionado. Despertará la oposición a tiempo para darse cuenta que el tiempo de las palabras ha acabado? Lo más seguro es que Chávez nos conteste esa pregunta desde el Balcón del Pueblo.