
Según el escritor de la Universidad de Columbia, Richard Danielson, un cliché es un sustituto del pensamiento crítico, es algo que está en nuestra cultura y lo aceptamos sin realmente criticarlo y es generalmente usado en conversaciones como recurso o punto de referencia.
Existe con respecto al socialismo varios de estos clichés, en especial uno referido con la "solidaridad" del socialismo. Es común entre personas, incluso de diferentes tendencias políticas e ideológicas, dar por sentado que los sistemas socialistas tienden a ser más solidarios y a estar más interesados por el bienestar de sus ciudadanos, en términos sociales, en comparación con el sistema capitalista, el cual en general es caracterizado como “indiferente” o “desalmado” y sin ninguna clase de interés por las personas sino por el dinero, el capital y la "plusvalía". Estos supuestos provienen de la dialéctica marxista y han sido explotados por todo gobierno de izquierda que ha existido en el siglo XX y el XXI, principalmente aquellos de corte totalitario. En Venezuela, por ejemplo, se pueden observar en Caracas paredes pintadas con niños llorando con leyendas acerca de los millones de niños que mueren diariamente "por culpa del capitalismo".
Pero, ¿Que tan cierto este mito? ¿Son los gobiernos socialistas siempre más solidarios con sus ciudadanos que los gobiernos capitalistas? Para aclarar este punto es útil, como siempre, ir a la evidencia científica y numérica, y en nuestro caso lo haremos con dos elementos extremos, siendo uno de ellos el caso Venezolano, donde el gobierno utiliza el caché en cuestión con tanta frecuencia que incluso muchos opositores, buscándolas simpatías de las bases del chavismo, lo dan por cierto sin detenerse a pensar por un segundo acerca de su veracidad.
Para muchos la forma principal de medir los niveles de solidaridad de un gobierno es sin duda los niveles de gasto social, y aunque para otros (incluyendo quien suscribe) las dádivas excesivas y el clientelismo es a largo plazo contraproducente y por ende nocivo para cualquier país, podemos suponer que aquellos estados cuya inversión social sea más alta pueden considerarse en efecto más solidarios con sus ciudadanos, al menos ese es el argumento más comúnmente esgrimido por los socialistas del siglo XXI que entre las múltiples cualidades de su líder prefieren su “generosidad” con el pueblo (generosidad entre comillas porque ese dinero no es de él) y no dudan en despotricar del gran imperio que es vil y desalmado ya que solo piensa en la ganancia a través de la explotación del hombre por el hombre.
Dando por sentado que el nivel de gasto social es un buen indicador del grado de solidaridad e interés de un gobierno por sus ciudadanos, podemos proceder a comparar dichos niveles de gasto social del estado venezolanos con los del norteamericano:
Según cifras oficiales del gobierno norteamericano y de distintos organismos internacionales el gasto social en los Estados Unidos, incluyendo la seguridad social, Medicare (seguro de salud para gente de bajos recursos), Medicaid (seguro de salud para gente de la tercera edad) y otros programas obligatorios de asistencia suman cerca de 2,009 Trillones de dólares, lo que representa cerda de un 15% de su PIB y aproximadamente un 56% de su presupuesto anual. Por otro lado el gasto social de la “Revolución” venezolana tiene un gasto social de aproximadamente 11.6 billones de dólares, que es alrededor del 3.6% de su PIB y un 45% de su presupuesto anual, esto según cifras oficiales del Gobierno Venezolano. En resumen el gasto social capitalista de los EE.UU. dobla porcentualmente al del Gobierno Bolivariano Socialista y Solidario de Venezuela.
Otro cliché relacionado con la solidaridad del Siglo XXI tiene que ver con la ayuda a países extranjeros. En este tema la cuestión se torna un tanto oscura ya que las cifras del gobierno venezolano en ese rubro no son del todo claras, sin embargo sabemos que en 2008 los Estados Unidos aportaron alrededor de 25 billones de dólares, lo que representa tan solo un 0,2% de su Ingreso Per Cápita y un 0,16% de su presupuesto nacional. Por su parte el gobierno venezolano no parece asignar montos fijos para ayuda internacional en su presupuesto sino que se supone que esos montos salen de partidas extrapresupuestarias financiadas con los excedentes del ingreso petrolero (o con ventas de petróleo subsidiadas) pero se aproxima que en el período 2005-2009 promediaron cerca de 40 mil millones de dólares anuales, lo que no solo dobla el monto de ayuda internacional de los Estados Unidos en términos reales, sino que representa una suma desproporcional de su presupuesto anual y de su PIB, que es en efecto mucho mayor que la norteamericana. En resumen, la ayuda venezolana al exterior es superior a la de los EE.UU. en términos reales y proporcionales.
Pero, ¿Qué nos dicen estas cifras? En el papel los números parecen indicar que el cliché de la solidaridad socialista no es más que un mito ya que los niveles de inversión social de los Estados Unidos pueden observarse de modo similar en la mayoría de los países desarrollados, quedando patente que los países capitalistas son proporcionalmente mucho más solidarios con sus ciudadanos que aquellos autodenominados socialistas (con la clara excepción de los Welfare States europeos que podrían calificarse como socialistas y China que podría calificarse como comunista, estos en muchos casos alcanzan o superan la inversión social de los países capitalistas, especialmente los Estados Unidos). Lo anterior es simplemente lógico: Aquellos países con más recursos pueden dar más a sus ciudadanos, y que aquellos con menos recursos no puedan proveer de igual manera a sus habitantes no parece tener nada que ver con conceptos abstractos como el “bien” y el “mal” a pesar de lo que algunos dictadorzuelos digan.
La solidaridad socialista se parece mucho más a un discurso vacío que busca asegurar la permanencia en el poder de gobernantes incapaces de ofrecer en la realidad mejores resultados que cualquier otra alternativa de gobierno. Esto nos lleva a la cuestión de la ayuda internacional, aquí los números parecen apoyar el mito de la solidaridad, sin embargo cuando los niveles de ayuda internacional son tan desproporcionadamente altos con respecto al gasto social interno, dicha ayuda deja de ser un acto desinteresado y pasa a ser parte de un discurso populista que busca comprar lealtades en cualquier parte y a cualquier precio, especialmente en Venezuela donde la financiación de los presupuestos nacionales debe hacerse en parte a través de préstamos que pudieran fácilmente reducirse si las dádivas a otros países ser realizaran de manera controlada, más aún si gran parte de esos dineros terminan en los bolsillos de otros dictadores o los envío petroleros son revendidos a otros países (como es el caso de Cuba) lo que pervierte completamente el espíritu de la ayuda ya que no se tiene ningún control del destino de los fondos provenientes de esas ventas, aunque viendo la desproporción que hay entre la forma de vida la clase gobernante cubana (Fidel Castro es uno de los gobernantes más ricos del mundo) y el pueblo no hay que ser un experto en temas económicos para saber que un buen pedazo termina en las cuentas de los Castro y sus amigos.
Los recientes hechos en Japón y la capacidad de respuestas real de algunos países nos dan una señal de que países están en capacidad de prestar ayuda internacional oportuna y no como parte de una estrategia política, un análisis crítico de la situación mostrará que no existe tal solidaridad del socialismo del siglo XXI, no necesariamente porque no que se quiera dar dicha ayuda (estamos seguros que si por Hugo Chávez fuera, él mismo arreglaría la planta nuclear), sino porque no se puede dar; las dictaduras como la venezolana necesitan reservarse la mayor parte de sus fondos para entregarlos cuando pueda recibirse algo a cambio, ya sea apoyo internacional, capital político o votos.
Para este escrito se han referenciado fuentes oficiales y públicas de varios países e instituciones que han sido publicadas en sitios de internet y publicaciones escritas que gozan de amplia credibilidad en sus países y a nivel internacional, por lo que creemos que está más allá del alcance de este artículo hacer referencia directa a todas las fuentes. Sin embargo estamos dispuestos a respaldarlas a petición de cualquier parte interesada siempre y cuando quede demostrado que su interés sea rebatir razonablemente nuestras teorías.
DDA Político
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